Liderazgo Sistémico: ¿Qué necesitan los sistemas del liderazgo?

Cuando se habla de liderazgo, la pregunta más habitual suele ser: ¿Qué es un buen líder?

Desde una perspectiva sistémica, la pregunta es diferente, sería más bien: ¿Qué necesita este sistema de mí como líder?

Porque los sistemas humanos —equipos, organizaciones, comunidades— tienen sus propias leyes invisibles. Y cuando el liderazgo se pone al servicio de esas leyes, el sistema fluye. Cuando no… aparece el desorden, el conflicto o el desgaste.

Desde la mirada sistémica, inspirada en el trabajo de Jan Jacob Stam, los sistemas humanos funcionan de forma más saludable cuando se respetan ciertos principios. A continuación, exploramos cuatro de ellos, que todo liderazgo puede aprender a sostener:

Los sistemas buscan estar completos. Excluir, ignorar o invisibilizar a alguien o algo que pertenece genera una tensión oculta que, tarde o temprano, sale a la superficie.

El liderazgo sistémico trata de:
• Incluir a todos los que pertenecen.
• Dar lugar a lo que fue excluido (personas, hechos difíciles, historias, contribuciones…)
• Escuchar también lo que no se dice.

Todo tiene su lugar y posición. Existen distintos tipos de orden: jerárquico, de llegada, de funciones, etc. Cuando algún orden se altera —por sobreprotección, superioridad o confusión— los conflictos se avivan.

El líder sistémico:
• Ocupa su lugar y ayuda a otros a ocupar su lugar.
• Respeta la experiencia y lugar de cada uno.
• Evita sobreproteger o infantilizar. Reconoce los roles sin superioridad.

Las relaciones profesionales sanas se basan en un intercambio entre dar y recibir equilibrado. Cuando uno da demasiado o toma más de lo que necesita (a expensas de otros), se generan compensaciones inconscientes dentro de un sistema.

Un líder sistémico en el contexto profesional:
• Fomenta relaciones de intercambio de adulto a adulto.
• Reconoce el esfuerzo y la contribución.
• Busca el equilibrio del conjunto por encima de intereses individuales.

El destino está ligado a la finitud: aceptar que algo puede terminar y que, desde ahí, algo nuevo puede emerger.

Liderar desde aquí implica:
• Asentir a la realidad tal y como es, sin negarla.
• Reconocer: ¿Qué llegó a su fin? ¿Qué es lo nuevo que está emergiendo?
• Abrirse al futuro emergente y a nuevas posibilidades desde el potencial del sistema y de cada persona.

Aunque no siempre se nombre así, existen líderes que encarnan esta forma de liderar.

Paul Polman (ex-CEO de Unilever), integró sostenibilidad y propósito al transformar el modelo de negocio hacia uno más consciente y colaborativo.

Nelson Mandela, con su apuesta por la reconciliación en Sudáfrica, supo incluir, reconocer y sostener un sistema herido sin buscar venganza ni protagonismo.

Frances Hesselbein (ex-CEO de las Girl Scouts de USA y fundadora del Drucker Foundation), referente en el tercer sector, lideró desde el servicio, la escucha profunda y el respeto al lugar que ocupaba dentro del sistema.

Todos ellos, desde lugares distintos, entendieron que liderar es estar al servicio de lo que el sistema necesita para evolucionar.

Un liderazgo centrado en el «yo» preguntaría: ¿Qué quiero lograr?

Un liderazgo sistémico pregunta: ¿Qué necesita este sistema de mí en este momento?

Y en esa diferencia… emerge una forma de liderar más profunda y transformadora.

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